Abandonamos por unos días la temática política para abordar, al menos sucintamente, un punto social interesante. Voy a exponer un resumen de un ensayo que escribí hace unos años sobre la ayuda al prójimo, sobre el altruismo, y las circunstancias que fomentan su existencia.
Imaginemos por un momento que el mundo está habitado por altruistas, por madres Teresa de Calcuta. No habría miserias ni guerras, reinaría la bondad y la fraternidad entre los pueblos.
Habitualmente se considera que las personas nacen o bien con noble corazón o bien cínicas, mezquinas y egoístas. Según los últimos estudios psicológicos, esa puede ser una conclusión precipitada y desprovista de fundamento, pues al parecer nadie nace altruista y, muy al contrario, todos podemos lograr serlo. La ciencia ha demostrado que son las circunstancias las que transforman al lobo en cordero y viceversa.
Empecemos en esta primera entrega con una de esas circunstancias. Al respecto, un reciente estudio del psicólogo Philippe Rushton, de l
a Universidad de Western Ontario, se centró en abordar a más de 2500 personas, pidiéndoles la hora, una dirección, o algo de dindero. Los transeúntes abordados vivían, en unos casos, en pueblos, en otros, en capitales como NY. ¿El resultado? Se reveló un descenso sistemático de las conductas de ayuda en función de la mayor densidad de población.
En la fotografía podemos observar los resultados. En primer lugar aparecen los habitantes de una pequeña villa, seguidos de los de una ciudad mediana y una gran urbe. La columna representativa de las personas altruistas es sensiblemente mayor en el caso de los pequeños municipios respecto de las grandes capitales.
La segunda de las circunstancias que trataremos en esta primera entrega será el buen humor. Hace unos años se realizó un experimiento muy curioso. Se dejaron caer por las calles unas llaves, y se ensayó con dos grupos de personas. Unos, habían oído por la radio la victoria de su partido político en las elecciones. Éstos, evidenciaban mayor predisposición a ayudar en la búsqueda de las llaves que el otro grupo, que había oído en el noticiario de Matías Prats el derrumbe
de la bolsa de Madrid. Se puede pensar que si unos segundos de atención ejercen un efecto tan apreciable, el impacto de las informaciones negativas difundidas por los medios de comunicación fomentan una tendencia a replegarse sobre uno mismo y reduce las conductas altruistas.
También una mera sonrisa puede ser fundamental. Existe otro experimiento que me gustaría exponer: se solicitó a una joven, que bajaba por una escalera, que sonriera a los que subían. Al llegar arriba, se cruzarían con un compinchado que "por casualidad" dejaría caer al suelo un fajo de planfletos sindicales. Posteriormente quedó demostrado que a los que se les había sonreído eran más propensos a ayudar a recoger los planfletos obreros. Del experimento se estrajo la conclusión de que la sonrisa genera cierto bienestar y puede ser también una revaloración personal (si alguien le sonríe, se refuerza su autoestima). Una vez alcanzado ese estado de ánimo, el individio se esforzará por preservarlo. Si se presenta la ocasión de ayudar a alguien, esta conducta altruista mantendrá la imagen positiva que se tiene de sí mismo. En definitiva, todos estos experimentos demostraron que se depende del buen humor, y que uno de los medios de seguir de buen humor es ser altruista.
a Universidad de Western Ontario, se centró en abordar a más de 2500 personas, pidiéndoles la hora, una dirección, o algo de dindero. Los transeúntes abordados vivían, en unos casos, en pueblos, en otros, en capitales como NY. ¿El resultado? Se reveló un descenso sistemático de las conductas de ayuda en función de la mayor densidad de población.En la fotografía podemos observar los resultados. En primer lugar aparecen los habitantes de una pequeña villa, seguidos de los de una ciudad mediana y una gran urbe. La columna representativa de las personas altruistas es sensiblemente mayor en el caso de los pequeños municipios respecto de las grandes capitales.
La segunda de las circunstancias que trataremos en esta primera entrega será el buen humor. Hace unos años se realizó un experimiento muy curioso. Se dejaron caer por las calles unas llaves, y se ensayó con dos grupos de personas. Unos, habían oído por la radio la victoria de su partido político en las elecciones. Éstos, evidenciaban mayor predisposición a ayudar en la búsqueda de las llaves que el otro grupo, que había oído en el noticiario de Matías Prats el derrumbe
de la bolsa de Madrid. Se puede pensar que si unos segundos de atención ejercen un efecto tan apreciable, el impacto de las informaciones negativas difundidas por los medios de comunicación fomentan una tendencia a replegarse sobre uno mismo y reduce las conductas altruistas.También una mera sonrisa puede ser fundamental. Existe otro experimiento que me gustaría exponer: se solicitó a una joven, que bajaba por una escalera, que sonriera a los que subían. Al llegar arriba, se cruzarían con un compinchado que "por casualidad" dejaría caer al suelo un fajo de planfletos sindicales. Posteriormente quedó demostrado que a los que se les había sonreído eran más propensos a ayudar a recoger los planfletos obreros. Del experimento se estrajo la conclusión de que la sonrisa genera cierto bienestar y puede ser también una revaloración personal (si alguien le sonríe, se refuerza su autoestima). Una vez alcanzado ese estado de ánimo, el individio se esforzará por preservarlo. Si se presenta la ocasión de ayudar a alguien, esta conducta altruista mantendrá la imagen positiva que se tiene de sí mismo. En definitiva, todos estos experimentos demostraron que se depende del buen humor, y que uno de los medios de seguir de buen humor es ser altruista.
(...)
Fuentes:
BBC Mundo Ciencia
Mente y Cerebro nº 20/2006
Suplemento Territorios (Ciencia/Futuro) de El Correo, agosto 2002.


2 comentarios:
Me parece muy interesante tu artículo,lo que queda claro es que las personas estamos de buen humor y con ganas de ayudar a los demás mientras nos vaya bien a nosotros ,por el contrario si la scosas no nos van bien procuraremos que al projimo támpoco le vayan las cosas a pedir de boca ,es decir si yo me hundo tu vas conmigo.
cambiando de tema me gusta mucho tu blog siempre que puedo intento leerlo
un saludo!Nana
Pues yo considero, amigo mío, que las guerras no se evitarían ni con altruismo si quiera.
Imagínese, yo soy altruista; pero ayudo sólo a los de mi raza, o a mis nacionales, o a los de mi religión. ¿Soy altruista no? Pero sigo siendo un cínico hijo de puta.
Hay cosas que ni una sonrisa puede evitar.
Salud!
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